Es buen tiempo para un ataque aéreo. Llueve.

Construir la mueca de una sonrisa, adrede, como para frustrar un ataque de lobreguez.

No es posible desaparecer completamente, el lugar destinado para este fin está ya ocupado por otros.

  • Vivir en un país de poetas… mientras no se demuestre lo contrario.

-¿Recordás amor como era Managua hace veinte años?

-Ya no te amo Felipe. Me voy con los niños a vivir con mi mama.

-Dicen que aún tocan los mariachis en Bello horizonte.

Ese poeta, cual tarde de intenciones, buscaba con furtivo afán una brecha en los muros de la laguna, podía imaginarse soberbio en su corolla, volando a 80 kmph como para devolverle la cogida a la ciudad por el mero hoyo de Tiscapa. La ciudad cerró las piernas y no aparecieron brechas en los muros. Conformase el poeta con sumergirse [con todo y corolla] en la enjundia del cérvix de la anhedonia. Un día encontrará Tiscapa.

Escucho en el perifoneo anunciar la muerte de alguien a quien mencionan como Master en Administración de empresas con mención en Mercadotecnia, Juan Pérez.

Y aunque no le conozca, con todo todo mi corazón, le deseo paz eterna al título, lejos de un mundo tan atestado de ellos.

Convencido que el éxtasis era una frontera franqueable, elucubraba diez mil maneras perversas de embutir de concupiscencia su cuerpo: duct tape, electrodos o hasta desollarse ambos entre lo más ingenuo, elucubraba nomás.

No pasaría mucho antes que ella, gentilmente, confesara desagrado por la práctica de jalar su cabellera en los estertores de la cópula. 

Asfixiarte con tu saliva, contraer pupilas, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario

Como en la película

peleábamos la nada más grande

de la historia.